sábado, mayo 05, 2007




Nos dijeron que todo había acabado.
Tras la caída del muro del Berlín y el derrumbe de la antigua URSS la democracia liberal había triunfado y llegaba el “fin de la historia”. La democracia capitalista era el mejor de los sistemas conocidos y probados, así como el más avanzado y respetuoso con el individuo. La democracia era el poder en manos del pueblo y el libre mercado se encargaría de todo lo demás.
Nos mintieron.
El poder de las naciones nunca estuvo verdaderamente en las manos del pueblo. El mercado y SU libertad solo trajeron más esclavitud, dependencia y desgracias. No existe una verdadera libertad sin justicia y sin democracia ni justicia la libertad se convierte en la mayor de las tiranías.
Cuando el poder de los gobiernos ha sido entregado a las mega corporaciones transnacionales y a instituciones cerradas y no democráticas (FMI, OMC, Banco Mundial o la Comisión Europea…) ya no hablamos de dimensiones nacionales sino planetarias.
La llamada “globalización” neoliberal ha otorgado una influencia y poder a las corporaciones transnacionales que sobrepasó hace mucho al de los estados, ya sean despóticos o democráticos. Dichas corporaciones, a menudo más ricas que muchos estados, suelen suponer la principal fuente de financiación de casi todos los partidos políticos, allá donde existe la democracia, consiguiendo estar por encima de las leyes y del propio sistema. En otras ocasiones suponen el mayor apoyo para los dictadores y gobiernos despóticos en países del tercer mundo.

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